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Cuento para compartir · 4–8 años · 5:42

Nilo y la sombra que estornudaba

Nilo en el pueblo de Villalumbre durante la Fiesta de la Luna Naranja

Una sombra con orejas larguísimas se mueve detrás de una sábana… y estornuda. Nilo solo quería llevar unos cascabeles al patio de la biblioteca. Con Lúa y la guardiana Ada cerca, descubrirá qué ocurre mientras prepara la Fiesta de la Luna Naranja.

Este cuento de Halloween de Villalumbre combina un misterio amable y humor para compartir con niños y niñas de 4 a 8 años. Nilo puede pedir compañía y elegir dónde quedarse, incluso después de descubrir de dónde viene la sombra.

Ver y escuchar el cuento

Edad orientativa
De 4 a 8 años, para compartir en familia.
Duración del vídeo
5 minutos y 42 segundos.
Narración
Voz sintética Ana Beltrán.
Proyecto
Villalumbre · Carnet de Padres.

Ver «Nilo y la sombra que estornudaba» en YouTube

También podéis leer el cuento completo al final de esta página.

Una actividad de sombras: el sombrero de Botón

Tiempo: entre 5 y 10 minutos. Materiales: una linterna, una pared despejada y dos o tres objetos pequeños, como una cuchara, un muñeco o una figura de cartón.

Proponed inventar un sombrero disparatado para Botón con las sombras de esos objetos. Podéis mantener encendida la luz de la habitación y hacerlo sentados juntos.

  1. Elegid los objetos. Dejadlos a la vista y mirad juntos sus formas antes de empezar. Cada persona puede escoger uno o limitarse a observar.
  2. Probad una sombra. Una persona adulta sostiene la linterna hacia la pared y coloca un objeto entre la luz y la pared. Mirad qué silueta aparece: ¿parece un sombrero, una oreja o algo completamente distinto?
  3. Inventad el sombrero de Botón. Combinad dos sombras si os apetece. Ponedle un nombre divertido y probad cómo cambia al mover un objeto más cerca o más lejos de la linterna.
  4. Elegid cómo terminar. Podéis hacer una última sombra, volver a mirar los objetos o recoger. No hace falta adivinar ninguna forma ni completar todos los pasos.

Si vuestro hijo o hija prefiere mirar desde lejos, estar a vuestro lado o dejarlo para otro día, esa elección tiene sitio en el juego. La actividad no exige perder el miedo: basta con compartir un rato que os resulte agradable.

Tres preguntas para conversar, si os apetece

  • ¿Qué pensabas que había detrás de la sábana?
  • ¿Qué llevaba Botón pegado al bigote?
  • ¿En qué momento le apeteció a Nilo tener a Lúa cerca?

Podéis elegir una sola pregunta, escuchar la respuesta y seguir con otra cosa. No hace falta encontrar una lección al terminar.

Nilo y la sombra que estornudaba: cuento completo

Érase una vez un pueblo llamado Villalumbre. Allí, las calabazas ya ocupaban los escaparates. Faltaban tres noches para la Fiesta de la Luna Naranja y Nilo tenía un encargo: llevar una caja de cascabeles al patio de la biblioteca.

El monstruo avanzaba haciendo chin, chin, chin. Era bajito, redondo y verde azulado. Entre el pelo asomaban dos cuernitos color miel. Su bufanda coral llevaba un nudo enorme: lo había hecho él y no pensaba deshacerlo.

En el patio había mesas, farolillos y una sábana blanca tendida entre dos postes.

Detrás de la sábana se movió algo.

Primero creció una cabeza puntiaguda. Después aparecieron unas orejas larguísimas. Luego, una pata con cinco garras.

Nilo dejó de hacer chin.

—Buenas tardes —dijo, porque su abuela saludaba incluso a las escobas.

La sombra se encogió, se estiró hasta el borde de la tela y soltó:

—¡ACHÍS!

Nilo dio un salto. Los cascabeles saltaron con él.

Quiso marcharse. Quiso saber qué era. Quiso las dos cosas a la vez.

Se colocó detrás de una maceta, pero era una maceta bastante pequeña. Le quedaron fuera los cuernos, los pies y casi todo lo demás.

Lúa llegó con un manojo de cintas violetas. Vio la caja en el suelo y la bufanda asomando por detrás de la maceta.

—Nilo, ¿estás jugando a ser una planta?

—Estoy vigilando una cosa. Desde lejos.

Lúa miró la sábana. La sombra acababa de sacar un cuerno que parecía una cuchara.

—No me gusta —susurró Nilo—. Y tampoco me gusta que me dé miedo.

La pequeña bruja dejó las cintas junto a él.

—A mí no me gustan las escaleras sin luz. ¿Quieres que me quede aquí?

Nilo asintió. Lúa se sentó en el borde de la jardinera, sin tirar de su mano ni acercar la maceta.

Miraron un rato.

El cuerno desapareció. Aparecieron dos alas. Después, algo redondo rodó por la parte baja de la tela.

—A lo mejor tiene una cabeza de recambio —dijo Nilo.

Lúa apretó los labios. Aquello resultaba bastante gracioso, pero su amigo seguía mirando muy serio.

—Podemos preguntarle a Ada. Ella está preparando el patio.

—Sí. Pero vamos juntos.

Recogieron la caja entre los dos. Al levantarla sonó un cascabel.

Detrás de la sábana, algo contestó con un golpecito.

Encontraron a la guardiana Ada poniendo nombres en los vasos.

—Hay una sombra que estornuda —explicó Nilo—. Tiene muchas cosas en la cabeza.

Ada dejó el rotulador.

—Vamos a echar un vistazo. Tú puedes quedarte donde prefieras.

Nilo escogió un lugar junto a Lúa, a varios pasos de la sábana. Ada se acercó por un lado y levantó una esquina.

No salió ningún rugido.

Salió un gato negro con una pluma pegada al bigote.

—¡Botón! —dijo Lúa.

El gato sacudió la cabeza. La pluma le rozó la nariz.

—¡Achís!

Tras la tela había una cesta de disfraces. Un sombrero puntiagudo descansaba sobre un perchero; dos orejas de conejo colgaban de una percha; una mano de cartón se balanceaba al extremo de una cinta.

Ada cogió la linterna del suelo y la acercó a los disfraces. La mano creció sobre la sábana.

La alejó. La mano se hizo pequeña.

—Esas eran las garras —murmuró Nilo.

Botón metió una pata en la cesta y empujó una pelota de lana. Allí estaba la cabeza de recambio.

Nilo soltó una risita. Luego se llevó una mano a la barriga.

—Por dentro todavía me hace bum, bum.

—Pues no tenemos prisa —dijo Ada.

Se sentaron en un banco. Botón llegó hasta Nilo y olfateó el nudo de su bufanda, que parecía hecho expresamente para una nariz de gato.

Nilo dejó la mano quieta. El gato se frotó contra ella.

—Hola, sombra —le dijo.

Ada guardó los disfraces y Lúa recogió las cintas. Quedaban cascabeles por colgar.

Nilo eligió una rama baja, lejos de la sábana. Lúa le acercaba los lazos y él sujetaba cada cascabel mientras ella lo ataba. Si el viento movía la tela, Nilo miraba de reojo.

Una vez volvió a esconder los pies debajo del banco.

—¿Puedes quedarte un poco más? —preguntó.

—Hasta que terminemos esta rama.

Trabajaron tan juntos que a Lúa se le enganchó un rizo en un cascabel. Tuvieron que pedir ayuda a Ada para rescatarlo.

Cuando acabaron, el patio sonaba como una lluvia diminuta.

Nilo recogió su caja vacía. Dentro encontró la pluma de Botón.

Se la enseñó al gato, que cerró los ojos con aire muy ocupado.

—Esta me la llevo yo —decidió Nilo—. Ya has estornudado bastante.

Al salir, pidió compañía para volver por la calle. Lúa se puso a su lado. Esta vez el chin, chin lo llevaban detrás.

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Cuento y adaptación editorial: Carnet de Padres. Imágenes creadas con ayuda de IA y narración sintética, con selección y montaje del proyecto.