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Cuento para compartir · 5–8 años · 12:24
Juan y las pociones del farol dormido

En Valleluz, Juan espera hacer sonar la campanilla que despierta el gran farol de la fiesta. Un estornudo de Miga, su gato, hace salir disparada la pequeña estrella que sirve de badajo, y una urraca se la lleva. Juan y el abuelo Tomás siguen su rastro hasta el molino con herramientas y tres pociones de fantasía. Allí necesitan observar, escuchar y coordinar sus movimientos para recuperar la pieza. Tras el cuento podéis buscar una estrella de papel dando pistas por turnos, como un pequeño equipo de exploradores.
Ver y escuchar el cuento
- Edad orientativa
- 5–8 años. Para compartir en familia.
- Duración del vídeo
- 12:24
Ver «Juan y las pociones del farol dormido» en YouTube
Más abajo encontraréis un extracto del cuento para leer juntos.
La estrella perdida y las pistas del equipo
Tiempo: 10–15 minutos. Materiales: una estrella dibujada en papel, cuatro objetos cotidianos y tres tarjetas. El juego utiliza pistas y observación; las pociones y sus poderes pertenecen a la ficción del cuento.
- Montad un paisaje. Poned sobre la mesa los cuatro objetos, por ejemplo una taza vacía, un libro, un muñeco y una caja. Elegid qué representa cada uno dentro de vuestro Valleluz de juguete.
- Preparad tres ayudas. Dibujad un ojo, una oreja y una flecha en las tarjetas. El ojo permite mirar el paisaje desde otro lado; la oreja, pedir una pista; la flecha, señalar dónde seguir buscando.
- Esconded la estrella. Una persona coloca el papel detrás o debajo de uno de los objetos mientras la otra mira hacia otro lado. Quien busca elige una tarjeta y la persona adulta acompaña esa forma de investigar.
- Recuperad la pieza. Cuando aparezca, contad qué pista resultó útil y cambiad los papeles. Podéis dibujar una campanilla donde guardar la estrella al terminar.
Variación opcional: dejad una punta visible o describid el escondite con dos pistas sencillas. No hace falta buscar a contrarreloj ni agotar todas las tarjetas; podéis resolverlo juntos desde el principio.
Tres preguntas para conversar, si os apetece
- ¿Para qué servía la estrella de la campanilla?
- ¿Por qué se había llevado la estrella la urraca?
- ¿Qué parte de la búsqueda te gustaría dibujar?
Podéis elegir una pregunta o dejar la conversación para otro momento. No hace falta responderlas todas.
Un extracto para leer en familia
Érase una vez un niño llamado Juan que vivía en Valleluz, un pueblo con un farol tan grande que necesitaba su propia fiesta.
Era una esfera dorada, rodeada de finos hilos de metal, con una campanilla arriba. Durante el día dormía. A veces incluso roncaba.
Aquella mañana soltó un ronquido que hizo temblar las cintas de la plaza.
—Ha sonado como tú, abuelo.
Tomás se acarició la barba.
—Imposible. Yo ronco con más elegancia.
Esa noche, por primera vez, Juan haría sonar la campanilla para despertar el farol. Bajo su luz habría música, meriendas y baile.
Miga, su gato gris, miró las mesas vacías con decepción. La parte de las meriendas iba considerablemente retrasada.
Para dejarla reluciente, Tomás había llevado la campanilla a su taller. Dentro colgaba el badajo: una pequeña estrella dorada, de cinco puntas, que cabía en la palma de Juan. Al golpear el metal, hacía el sonido que despertaba el farol.
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Cuento y adaptación editorial: Carnet de Padres. Imágenes creadas con ayuda de IA y narración sintética, con selección y montaje del proyecto.
